La dieta para adelgazar en la que las calorías cuentan más que la calidad de los alimentos

Esta dieta consiste en fijar unas cantidades de macronutrientes(principalmente de calorías, pero también de hidratos, proteínas y grasas) a medida de cada persona y de sus objetivos. A partir de ahí, es posible comer de todo siempre que se respeten esos cálculos.

Su principal ventaja es la flexibilidad: en vez de decirte qué comer en cada momento, te deja elegir tú los alimentos y la hora del día a la que quieres comer. El único requisito es que encaje en tus objetivos calóricos y de macronutrientes. Por ese motivo, es una dieta muy reconocida y con una tasa de adherencia muy alta.

Pero este sistema tiene otro lado menos positivo: fijarnos solo en los macronutrientes de la comida puede terminar convirtiéndose en un problema, ya que podemos descuidar la calidad nutricional de los alimentos. En ese caso sí, es posible que adelgacemos, pero también podemos terminar sufriendo problemas de salud.

El número de calorías no lo es todo

Para ilustrar esto que decimos, echa un vistazo a esta foto:

O a esta otra:




En ambos casos podemos ver de forma muy gráfica a qué nos referimos: tener en cuenta solamente el número de calorías que necesitamos para adelgazar es una forma poco inteligente de planificar nuestra alimentación que deja fuera otras cuestiones importantes.

Más allá de los macros

A la hora de hacer una dieta IIFYM o flexible hay que recordar que los macros no lo son todo, y que es importante tener en cuenta la calidad de los alimentos que comemos.

Porque técnicamente es posible cumplir con las indicaciones de esta dieta alimentándonos solo de alimentos procesados, comida rápida, productos altos en azúcar, en sal o en grasas poco saludables. Pero si lo hacemos así, por mucho que cumplamos con nuestros objetivos de peso, estaremos poniendo en riesgo nuestra salud a medio y largo plazo.

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Por eso es importante pensar más allá de los macros y asegurarnos de que cumplimos esos cálculos pero siempre poniendo la mayor parte en forma de alimentos frescos, especialmente de origen vegetal (frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas), cocinados en casa y limitando la cantidad de azúcares añadidos, sal y grasas de poca calidad.

De esta forma nos aseguraremos no solamente de que controlamos nuestro peso, sino también que estamos nutriéndonos adecuadamente y cuidando nuestra salud al mismo tiempo.

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